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Es importante conocer el desarrollo de los hábitos alimenticios del niño, para identificar, qué está bien y qué está fuera de lo normal.

Así, por ejemplo, hasta los 4 meses de edad, el lactante se alimenta en promedio cada 3 a 4 horas, y varía entre diferentes niños, o, incluso, el mismo niño en días diferentes puede variar este patrón.

Hay dos reflejos que son sumamente importantes en estos bebés, el reflejo de succión, que es más vigoroso cuando el niño tiene hambre, y el reflejo de protrusión, que consiste en expulsar los alimentos de la boca, cuando ya está saciado, algunos padres se preocupan porque confunden éste reflejo con el vómito.

A partir de los 6 meses, que es cuando se debe introducir la alimentación complementaria, aparecen las preferencias y las aversiones por los alimentos específicos. El bebé a los 5 meses intenta coger el biberón solo, a los 9 meses come galletas solo, de los 12 a los 14 meses ya maneja la cuchara, a los 18 meses ya la usa con cierta destreza y debe comer solo.

A partir de los 15 meses de edad, se provoca una “anorexia fisiológica” que coincide con el periodo preescolar en el que el crecimiento es más lento, muchos padres se preocupan en exceso en este periodo, pudiendo generar a la vez alteraciones en el grupo familiar y en la salud del menor.

Hay factores que se recomiendan para lograr una buena alimentación en ésta edad:

  1. Dejar que el ciclo de hambre saciedad guíe los horarios de alimentación, evitar horarios rígidos.
  2. Preferiblemente que sea un solo cuidador el encargado de la alimentación del bebé.
  3. Evitar las distracciones en el momento del consumo de los alimentos (pantallas, celulares u otras actividades).

Por otro lado, hay algunos problemas de los propios padres, que afectan la buena alimentación del niño. Por ejemplo, padres controladores u obsesivos por la limpieza, que no desean que el niño se ensucie comiendo, deteriora la capacidad del niño de lograr satisfacción al comer, lo mismo ocurre con padres agresivos que imponen horarios rígidos de alimentación a los niños.

Sin embargo, un pequeño grupo de niños, si tienen trastornos que impiden una buena alimentación, pero éste grupo es muy pequeño. Las enfermedades que más frecuentemente se observan en éste grupo son:

Alteraciones en la deglución.
Patología Neurológica.
Enfermedades gastrointestinales, principalmente reflujo gastroesofágico.

Recomendaciones para el niño que no come

  1. Propiciar un ambiente alegre, amable y sin distracciones.
  2. Acostúmbrese a tener un aviso previo a la comida, que se convierta en un ritual, así el niño entiende que ya es hora de comer, por ejemplo, lávese las manos y láveselas al niño y póngale un babero.
  3. El miedo a probar nuevos alimentos es algo normal, respételos.
  4. No fuerce al niño a comer amenazándole con castigos, tampoco prometiéndole recompensas, y no utilice las payasadas para que el niño coma.
  5. No prolongar el tiempo de la comida por más de 30 minutos.
  6. Si el niño no come el plato principal, permita que coma el postre, que debe ser saludable, conformado principalmente por frutas.

Andrés Naranjo Cuéllar. Médico y Cirujano, USCO – Colombia. Maestrando en Ciencias Avanzadas de la Nutrición, VIU España.

Bibliografía

Manual Práctico de Nutrición Pediátrica. Comité de la Asociación Européa de Pediatría. 2007

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